Casa de Ana Frank

Cuando pensamos en la Segunda Guerra Mundial se nos vienen a la cabeza varios nombres y personas. Y una de ellas, posiblemente la más recurrente, sea Ana Frank. De origen judío, la niña en cuyo diario narró los horrores de la ocupación nazi en Ámsterdam, se convirtió en icono años después del que fue uno de los episodios más oscuros de nuestra historia. Con el paso del tiempo, la casa de Ana Frank se ha convertido en uno de los lugares imprescindibles a visitar en Ámsterdam.

Aunque ya te avisamos, se te hará un nudo en la garganta.

Casa de Ana Frank: la pérdida de la inocencia

Durante muchos años, Ámsterdam fue vista por la población judía como una ciudad en la que refugiarse. A partir del siglo XV, cientos de miembros de esta comunidad llegaron desde países como Portugal o España buscando una nueva oportunidad y aglutinándose en el ya conocido como Barrio Histórico Judío. Una ola que se acrecentó tras el ascenso al poder de Adolf Hitler en Alemania, momento en el que muchos judíos huyeron del país germánico, siendo Ana Frank una de ellos.

Hijo de Otto Heinrich Frank y Edith Hollander, Ana Frank también tenía una hermana mayor, Margot. Los cuatro miembros se mudaron a Ámsterdam en un momento en el que la tensión comenzaba a acrecentarse en Europa.

Sería en la capital holandesa donde el 12 de junio de 1942, día en el que cumplió 13 años, Ana Frank recibió como regalo un cuaderno que comenzó a adoptar como diario. En el mismo, la niña entremezclaba las anécdotas de las vida escolar con observaciones de una realidad en la que los judíos portaban estrellas y la gente comenzaba a ser citada para ser trasladada a lejanos campos de trabajo.

Cuando su hermana fue notificada para una de estas deportaciones, Otto Frank decidió llevar a cabo un plan que llevaba tiempo barajando: esconderse en un refugio en las instalaciones de su empresa en Prinsengracht, lugar al que se mudaron un 9 de julio de 1942. Meses después, los tres integrantes de la familia Van Pels y Fritz Pfeffer, un buen amigo de Otto, también se unieron al escondrijo.

Durante el tiempo que permanecieron ocultos, Ana Frank se refugió en su diario, donde abordaba la realidad desde un punto de vista existencial coincidiendo con su paso a la madurez. Un cuaderno que en su momento pasaría inadvertido sin que nadie sospechar del potencial que adquiriría años después.

Tras ser descubiertos un 4 de agosto de 1944, la familia Frank fue deportada al campo de concentración de Westerbork y, posteriormente, a Auschwitz. Finalmente, Margot y Ana fueron trasladadas al campo de Bergen-Belsen, donde ambas murieron en marzo de 1945 a causa del tifus. El campo sería liberado por los británicos el 15 de abril de 1945.

Otto Frank fue el único superviviente, descubriendo el diario de su hija al regresar a Ámsterdam. Siguiendo el deseo de Ana de ser escritora, decidió publicar el contenido del cuaderno en 1947.

A pesar de las intenciones de una empresa contratista por demoler el edificio en los años 50, finalmente la ciudad de Ámsterdam decidió conservar la casa en la que habían permanecido ocultos los Frank dado el interés que comenzó a suscitar en los visitantes que habían leído el libro.

Finalmente, el 3 de mayo de 1940, el Museo Casa de Ana Frank fue inaugurado, convirtiéndose con el tiempo en uno de los lugares más visitados de Ámsterdam.

Visitando la casa de Ana Frank

Fotografía: Pinterest

En el número 263 de Prinsengracht podemos encontrar la casa donde la familia Frank yació oculta durante aquellos dos años, siendo el número 265 un edificio adquirido para complementar el museo.

El edificio corresponde al lugar en el que Otto Frank instaló su empresa de especias, con una planta baja dividida en tres secciones: entrega, elaboración de productos y almacén. En la primera planta estaban las oficinas de los cuatro empleados que sirvieron de nexo entre las familias escondidas y el exterior.

La conocida como “casa de atrás” donde los Frank se refugiaron, es una extensión del edificio oculta por la presencia de casas en sus cuatro costados. Para distraer la atención del acceso, Otto Frank decidió colocar una estantería en el lugar de la puerta, siendo este uno de los puntos clave de cualquier visita a la casa.

A lo largo del recorrido por la estancia, algo se retuerce en el interior de todo aquel que se sumerge en el pequeño universo de Frank: 46 metros cuadrados con su propio baño y cocina, o habitaciones en cuyas paredes lucen pegatinas de iconos de la época o documentos como la citación de Margot. Un refugio en el que Ana Frank creció planteándose cientos de cuestiones acerca de la vida, los judíos, la guerra, la naturaleza humana e incluso su propia sexualidad, desvelando un testimonio que pilló por sorpresa a su propio padre cuando éste descubrió el diario al regresar del campo de concentración.

Fotografía: OU News Bureau

Una vez termina la visita, el edificio anexo al 263 ofrece diferentes exposiciones centradas en el proceso de publicación del libro en 1947. Vídeos y grabaciones de un Otto Frank que estremecen y nos recuerdan cuán oscuro puede llegar a ser el hombre con los miembros de su propia especie. Un templo para la concienciación, donde además se imparten talleres para los más jóvenes y se pueden comprar souvenirs en la tienda-cafetería del museo.

Si queréis visitar la Casa de Ana Frank, recomendamos asistir lo antes posible o comprar las entradas online, ya que las colas son enormes desde primera hora de la mañana. Este es el horario del museo:

1 abril – 1 noviembre

Abierto todos los días de 9:00 a 22:00 horas.

1 noviembre – 1 abril:

Abierto todos los días de 9:00 a 19:00 horas.
Los sábados, de 9:00 a 21:00 horas.

Los precios de las entradas son los siguientes:

Adultos: 10 euros.
De 10 a 17 años: 5 euros.
Menores de 9 años: Gratis

Entrada en línea: suplemento de 0.50 euros.

Descuentos

  • Dutch Museum Card: entrada gratuita, pero hay que reservar una fecha y horario en línea.
  • European Youth Card: 5 euros pero hay que reservar una fecha y horario en línea.
  • I Tarjeta de Ámsterdam y tarjeta de estudiante o ISIC: sin descuento y sin entrada gratuita.

Para acceder al museo, se pueden tomar las líneas 13, 14 y 17 de tranvía con parada en Westermarkt (el acceso al Museo se ubica en Westermarkt 20).

Si os encontráis hospedados en el centro, se puede llegar a pié fácilmente.

¿Te gustaría visitar la Casa de Ana Frank?

 

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