Plaza Dam de Ámsterdam

Cualquier viaje a la ciudad de Ámsterdam pasa por una visita a su centro neurálgico: la plaza Dam (o plaza de la presa), lugar que supuso los cimientos de la capital holandesa que todos conocemos hoy día. Un núcleo lleno de vida y bullicio cuyos edificios también suponen en sí mismos algunas de las atracciones más pintorescas de la ciudad. ¿Te vienes con nosotros a visitar la plaza Dam de Ámsterdam?

Plaza Dam: dónde nace una ciudad

Obra de Adam Berckheyde, 1693.

Muchos siglos atrás, el famoso río Ámstel definía los núcleos y asentamientos de varias de las comunidades nacidas en torno al mismo. Sin embargo, faltaba de un medio de conexión entre ambas partes del río. De esta forma, se erigió una presa en 1270 que además de unir las dos riberas del Ámstel, también se convirtió en un punto estratégico para el comercio de pescado para toda la ciudad.

Esta presa (“dam” en neerlandés) comenzó llamándose Middledam, junto a una plaza ubicada en la parte occidental llamada Plaetse, lugar donde tenían lugar las principales transacciones y puerto para los barcos de carga y descarga Su condición de epicentro de la actividad comercial de la ciudad daría lugar con el paso del tiempo a la construcción de un ayuntamiento, y así, la presa pasó a convertirse en una plaza que definiría el resto del urbanismo de una ciudad de Ámsterdam erigida sobre el agua.

Ubicada a 750 metros al sur de la Estación de Tren de Ámsterdam, la plaza Dam conforma un rectángulo de 200 metros de este a oeste y 100 de norte a sur donde se aglutinan algunos de los lugares y actividades más importantes de la capital holandesa. Cuentacuentos en torno a los cuales se reúnen locales y viajeros, terrazas en las que poder deleitarse con el ambiente y unas buenas cervezas, pero especialmente unas atracciones turísticas que no os podéis perder.

Palacio Real

Al oeste de la plaza se erige uno de los principales testigos de la transformación de Ámsterdam: el Palacio Real, una construcción de estilo neoclásico concebido como ayuntamiento en un primer momento. Construido entre los años 1648 y 1655, el Palacio Real experimentó una reforma en 2009 que le ha permitido lucir una apariencia de lo más majestuosa.

Si, además, podéis adentraros en sus dependencias, comprobaréis el encanto de sus lámparas de araña o las más de 2 mil piezas decorativas del que es uno de los cuatro palacios de Holanda.

Aunque no se trata de la residencia real, el palacio es visitado con frecuencia por los monarcas de Países Bajos y acoge numerosos eventos que van desde los premios Eramus hasta los Príncipe Claus.

Su horario de apertura es de 10 de la mañana a 5 de la tarde solo los sábados y domingos.

El precio de entrada para adultos es de 10 euros y es gratuito para los menores de 18 años.

Museo Madame Tussauds

Si existe un museo de cera referente en el mundo ese es el Madame Tussauds, cuya versión holandesa no dejará indiferente al visitante. Nacido de las buenas artes de la escultora inglesa Marie Tussauds impulsadas en el siglo XIX, las más de 400 figuras de cera que invaden este museo situado al sur de la plaza Dam harán las delicias de grandes y pequeños gracias a sus colores y semejanzas.

Modelos y actores de Hollywood, especialidad del Tussauds, te esperan en un museo cuyo estilo arquitectónico supone también todo un deleite para los sentidos.

Su horario de apertura es de 9 de la mañana a 10 de la noche todos los días, mientras que los viernes abre a las 10 de la mañana.

El precio para adultos es de 22 euros y de 17 euros para niños entre 5 y 15.

Monumento Nacional

En el centro de la plaza Dam se alza un obelisco de 22 metros de altura convertido en uno de los monumentos más emotivos para la ciudad. El obelisco conmemora la fecha del 5 de mayo de 1945, momento en que el pueblo holandés fue liberado por los Aliados tras la ocupación a una ciudad de Ámsterdam de la que tan solo quedaron 5 mil de las 80 mil personas que inicialmente vivían en la capital.

El Monumento Nacional de Ámsterdam es un lugar de encuentro para los locales y acoge numerosos eventos  en honor al pueblo holandés asolado durante la Segunda Guerra Mundial.